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Llaves que no abren puertas, las sueñan. 

Giran en el aire, como susurros atrapados entre el viento y el asfalto.

Un eco de sonidos se posa entre los pliegues de una tela

el murmullo de motores que no cesa. 

El campo respira, la ciudad late.

En el silencio, se cuelan los recuerdos, 

En la piel del textil se posan, 

los sonidos que se disuelven en la memoria. 

Los mundos chocan, se buscan, se esquivan, se entrelazan

Y en esa danza, las llaves se tornan invisibles, 

abriendo puertas que nunca existieron.

En esos sonidos encuentro mi refugio.

En la ciudad que me empuja y en el campo que me sostiene,

en la tensión de ambas llaves que, girando juntas,

me permiten siempre regresar a casa.

 

SUE LÓPEZ URQUIZA

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